FRANCISCO PIMENTEL - "JOB PIM"

Poemas y artículos selectos:

LA POESIA DEL PORVENIR
POESIA DE LAS COSAS OLVIDADAS
EL POEMA DEL COCOTERO


LA POESIA DEL PORVENIR
Sonetín Telegráfico
(Todos derechos reservados)


 Fresca mañana primavera, 
armada tijeritas plata, 
cortar rara rosa escarlata
bajaste jardín escalera.

 Hirió dedito flor ingrata 
aguda espina traicionera 
manchando púrpura ligera
blanquísimos encajes bata.

 Vendando minúscula herida 
también hiriéronme por vida 
ojos tuyos sin compasión:

 consolarte díjete quedo: 
tú pinchádote sólo dedo, 
pinchándome yo corazón.


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POESIA DE LAS COSAS OLVIDADAS

 Hoy, como estoy enfermo 
con una fiebre colibacilar,
mi espíritu jovial está algo yermo, 
por lo que me provoca lloriquear, 
y esta crónica quiero 
dedicarla a un romántico utensilio 
que condenó al exilio 
la higiene modernista: el tinajero.

 Era un típico mueble que debía 
estar en toda casa colonial 
de las que tanto se hacen hoy en día, 
aunque modernas son, en general.

 Una verde litera 
en donde se sentaba el bernegal
asomado a las rejas de madera, 
y sobre el cual la piedra
florecida de musgo, helecho y yedra,
destilaba sus gotas 
que amenizaban los insomnes ratos 
tocando, en armoniosos pizzicatos, 
compases de minuetos y gavotas.

 Ahora el tinajero no se estila; 
de mejor modo el agua se destila
en un filtro científico 
que es antidisentérico, antitífico,
y también antiestético, antipático,
y de un funcionamiento problemático,
pues, o no cierra bien y el suelo empapa;
o se obstruye y ni Cristo lo destapa.

 Hoy la gente prefiere
el filtro sin belleza ni poesía,
y no obstante se muere,
como antes se moría,
también de tifus y disentería.

 Será una tontería, pero quiero,
hoy que un bacilo en cama me retiene,
dedicarle un recuerdo al tinajero,
condenado al exilio por la higiene.


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EL POEMA DEL COCOTERO

 Cocotero, 
torre de Pisa vegetal 
que desprecias la vertical, 
y aunque jorobado, altanero, 
tienes rebeldías de acero 
que no doblega el vendabal.

 No sé por qué se me figura, 
palma cocal, que te retuerces para 
hacer burla de la literatura 
que a tu talle compara 
la femenil cintura, 
chocho lugar común que aún perdura.

 Si a tu sombra pretende
cobijarse algún necio,
sonoro golpe recio
la cabeza le hiende:
proyectil que del cielo se desprende.

 Mas no siempre tus balas 
para los ahitos burgueses
encierran intenciones malas, 
ya que son - salvo caso extraordinario - 
poliédricos faroles japoneses 
para ornato del balneario.

 0 verdes tinajas herméticas 
en las cuales rebosa 
el agua milagrosa 
de virtudes sedantes y diuréticas 
que el veterano bebedor celebra, 
pues le hará revivir, cuando confunda 
en sabrosa coyunda 
los amores del coco y la ginebra.,..

 Y luego, de tu fruto, ya maduro, 
trocado en deliciosa granjería, 
el industrial oscuro 
saca el honrado pan de cada día.

 Golosina que sin bambolla 
a bombones exóticos les gana: 
prieta, plebeya, apetitosa y sana, 
como las hembras de la raza criolla.

 Yo te saludo, cocotero, 
gigante, jorobado y altanero,
ornamental, burlón y filantrópico: 
¡alma del Trópico!


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