FRANCISCO PIMENTEL - "JOB PIM"

Poemas y artículos selectos:

LA BORDADORA
SE ESTA MURIENDO MI VECINO
CAPITAL MUERTO


LA BORDADORA
A mi hermano Luis Rafael

 Al umbral de su aposento y en la misma mecedora
que ocupara tantas noches sin dormir, hora tras hora,
en espera
del muchacho calavera despegado del hogar,
debe estar mi madre ahora
trabajando con sus manos, con sus manos de señora
que no saben trabajar;
con sus manos que eran lirios
y que más de cinco lustros de domésticos martirios
no lograron mancillar.

 Estará bordando ahora los adornos de algún traje
guarnecido de albo encaje,
como aquellos que ella misma ostentó en su juventud:
Hoy no cuadran a sus ropas los encajes ni la seda,
y otro lujo no le queda
que la clámide impoluta de su prístina virtud.
Borda, y surcan su memoria los recuerdos de otra era
de placer y primavera,
cuando fueron sus encantos maravilla,
y en el grupo descollaba de las bellas de la villa.

 Y después los malos tiempos, crueles horas de amargura,
la visión del padre enfermo, militar y sin ventura,
que en campañas y prisiones
agotó sus pocos bienes de fortuna y sus pulmones...

 Y el esposo que también a libre aspira
y también es perseguido por sufrir esa mentira;
y hoy los frutos de su vientre y su pasión,
los tres hijos que con mimos maternales educara,
y que ahora son los ojos de su cara,
como el padre y el esposo también gimen en prisión.

 No hay espina de la ruta que sus carnes no taladre:
heredera de las penas de las tres generaciones,
sufre hija, esposa, y madre
y en un mismo pecho sangran tres distintos corazones.

 Borda en tela que es más blanca que las rosas del jardín,
y a medida que la aguja traza pétalos de flores,
va bordando la memoria su tejido de dolores,
y sus ojos empañados por el llanto miran como
de sombrío tinte plomo
la blancura deslumbrante de la tela de satín.

 A hurtadillas seca el llanto, que pudiera ver su cuita
mi hermanita
la mayor,
delicada señorita
que es su encanto
y una ayuda en su labor.
Que hasta ayer sólo aplicara la eficacia de su mano
blanca, breve, primorosa,
a cortar alguna rosa
o a dorar las tardes grises con la música del piano.

 Ya conoce el nuevo oficio:
borda al lado de la madre largas horas, en perjuicio
de conciertos armoniosos que hoy fatigas son más bien:
por el pan de sus hermanos ha ofrendado en sacrificio
las Sonatas de Beethoven, los Nocturnos de Chopín.

 Con afán borda mi madre y la lumbre vespertina 
a compás que el sol declina,
baña el patio en un fantástico arrebol; 
pero a ella, qué le importa, si lo bello no la alegra, 
si sus húmedas pupilas han de ver la tarde negra, 
que en su alma dolorida ya se puso ha tiempo el sol...

 Deja, madre, tu bordado, que ya el sol apenas arde, 
no fatigues tus pupilas, que ya es tarde,
y te faltan muchos días de trabajo y de llorar; 
pero no te desesperes,
y aunque sufras agonías, aunque sientas que te mueres, 
tén confianza, que la cumbre ya se empieza a vislumbrar; 
y si has hecho tres viacrucis, triple cuesta de amargura, 
cuando llegue el magno día será triple tu ventura, 
triple el premio a tu valor,
porque, sangre de tu sangre noble y fuerte, 
son tus hijos de una raza que no ceja ante la muerte, 
que es más brava que el tormento, que es más dura que el dolor.

 No fatigues tus pupilas, porque yo las necesito 
más ahora que en los tiempos en que estaba pequeñito; 
y esta noche, si el insomnio de tu almohada no se va, 
yo sabré aliviar tu pena,
y a despecho de mi cárcel, y a pesar de mi cadena,
volaré junto a tu cama, para hacer tus cuitas mías, 
y decirte canturreando, como antaño tú lo hacías: 
"Duerme, duérmete, Mamá..."

La Rotunda, 1920.


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SE ESTA MURIENDO MI VECINO
Oyendo agonizar a D. Pedro Manuel Ruiz.

Se está muriendo mi vecino,
desde aquí escucho su estertor,
será otra cruz en el camino
de este larguísimo dolor.

Un terrible mal le asesina;
úlceras tiene a discreción;
no le han dado una medicina
ni una vedija de algodón.

Quizás no llegue a la mañana
ni oiga la música marcial
a las cinco cuando la diana
sacuda el sueño del penal.

Y cuando el "ronda" se presente
"¿Cómo amaneció por aquí?"
obtendrá un silencio elocuente
que equivale a "No amanecí".

Pasará después la requisa,
sabrá el jefe la novedad;
luego sin darse mucha prisa,
procederá en conformidad.

Vendrá el cabo con el martillo,
golpeará muy fuerte, y después
de la gruesa barra del grillo
desuncirá los yertos piés.

En la cobija sucia y vieja
lo coserán; luego entre dos
lo cargarán hasta la reja
y desde allí... ¡Sábelo Dios!

(Ni ha de ser muy arduo tampoco
trasportar el cuerpo hasta allá:
los muertos de aquí pesan poco
es cosa comprobada ya).

Y se acabó... Hasta el mes que viene,
que otro saldrá de modo igual,
veremos qué nombre contiene
la próxima rifa mensual.

El corazón se me amilana,
me invade súbito terror;
es muy probable que mañana
oigan los otros mi estertor...

Y tengo treinta años apenas, 
¡cómo no he de desesperar 
si en la vida hay cosas tan buenas
tánto que ver, tánto que amar!

Nó, que la muerte no te aflija, 
bello es también morir así; 
para nosotros la cobija 
es de brocado carmesí...

¿Qué más da morir en lo oscuro 
o perecer a plena luz? 
La muerte nuestra, de seguro
siempre ha de ser muerte de cruz.

Y si el martirio nos reclama 
digno a la empresa será el fin: 
Don Quijote murió en su cama
porque ya no era paladín.

Y me resigno a mi destino 
sin cobardía y sin dolor.. 
Se está muriendo mi vecino, 
ya no se escucha su estertor...

La Rotunda, 1921.


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CAPITAL MUERTO

	Es una caja de caudales
	hermética, mi corazón:
	tú solamente, por mis males,
	conoces la combinación.

	Bien sé que allí tengo un tesoro,
	mi gran capital de pasión,
	mas, ¿de qué me sirve ese oro
	si ya no está en circulación?

	Cuando formamos compañía
	yo derrochaba a discreción,
	pero mi fortuna crecía
	siempre en la misma proporción.

	Tú me mostrabas la factura
	después de cada operación:
	¡cientos de miles en ternura,
	en caricias, más de un millón.

	Mas sobrevino al fin la baja,
	entramos en liquidación;
	te fuiste, cerrando la caja,
	y olvidé la combinación.

	¡Cuántas veces se me ha frustrado
	una excelente transacción!
	Con mi capital estancado,
	me arruinaré sin remisión.

	Y pues no has de volver, y estriba
	en ti mi mala situación,
	dame esa clave que me priva
	de mis tesoros de pasión.

	No me obligues a tal extremo
	que, cediendo a la tentación,
	apele al recurso supremo:
	descerrajarme el corazón.

La Rotunda


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